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Ene 06, 2026
La partida de Gerardo Taracena, ese actorazo que nos dejó boquiabiertos en Apocalypto de Mel Gibson y en series como Celda 211, nos agarró a todos de sorpresa. Pero detrás de su talento y carisma, había un secreto silencioso: una enfermedad que no daba señales, pero que acechaba su corazón.
Enrique Cueva, amigo cercano del actor, nos contó que Gerardo tenía hipertensión, conocida en el mundo médico como la enfermedad silenciosa, y que aunque siempre estuvo medicado, la vida a veces es más traviesa de lo que uno espera.
En palabras de Enrique Cueva, su amigo y hermano del alma:
Lo único que tenía era hipertensión, pero eso estaba controlado con sus medicamentos, eso sí, uno no sabe, solo Dios.
Sí, querido lector, la hipertensión es como ese invitado que llega sin avisar y no se va hasta que le toca. Puede llevar a infartos, derrames cerebrales y otras broncas serias, y no siempre da señales antes de atacar.
Cueva confirmó que el actor, ganador del Premio Ariel por El Violín, murió de un infarto al miocardio. Estaba en la casa de su hija cuando el corazón decidió que ya era hora de descansar.
Su esposa me llamó para estar con ellas, apoyarlas en todo lo que pueda, es lamentable, nadie lo esperaba siempre fue una gran persona, contó Enrique.
Un golpe duro para todos los que lo conocieron, pero su legado sigue vivo en cine, teatro y corazones. ️
Gerardo nació en 1970 en la CDMX y desde joven se enamoró del teatro, dejando la música de lado para seguir la actuación. Se formó en el Centro Universitario de Teatro (CUT) y debutó en cine en los 90, conquistando la pantalla con papeles memorables:
Apocalypto (con Mel Gibson)
Narcos México
¿Qué culpa tiene el niño?
Atrapen al gringo
Hombre en llamas (junto a Denzel Washington)
Era de esos actores que dejan huella: carisma, talento y un toque de picardía que hacía imposible olvidarlo.
La hipertensión no avisa, no pide permiso y suele atacar cuando menos lo esperas. Más común en hombres y personas de edad avanzada, puede traer consigo problemas serios como infartos y derrames cerebrales, por eso es importante no subestimar la presión alta.
Gerardo luchó, trabajó y vivió con pasión hasta el último día, y aunque su corazón se detuvo, nos queda su arte, su sonrisa y la memoria de un mexicano que nos hizo sentir orgullosos.